Los Seahawks aplastaron esta noche a los Patriots de Nueva Inglaterra (29-13) en el estadio Levi’s de Santa Clara, California, para llevarse la corona del Super Bowl LX y saldar una deuda pendiente con su afición.
11 años, tardó en cumplirse el sueño. pero si los seguidores del conjunto de la Ciudad Esmeralda vieron cumplirse la venganza ideal del Super Bowl XLIX era de esta forma, con una humillante paliza, esta vez, el trofeo Vince Lombardi se quedó en Seattle.
La asfixiante defensiva de los Halcones Marinos, el número uno de la NFL en puntos permitidos impuso su ley, no otorgó anotaciones en contra hasta el último cuarto, y se encargó de llevar al infierno a Drake Maye.
El joven mariscal de campo de Nueva Inglaterra sufrió seis capturas y tres entregas de balón -una de ellas fue una intercepción.
Sin embargo, los reflectores se los llevó el pateador Jason Myers, que hasta la anotación de AJ Barner en el último cuarto, era el máximo responsable de la inalcanzable ventaja para Seattle, con cinco goles de campo.
Seattle conquistó su segundo campeonato y ahora, la NFL tiene nuevo rey.















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