En mis inicios dentro del periodismo, uno de los personajes que más admiré y respeté siempre, es Juan Antonio Meléndez Hernández, de quien me entero con profunda tristeza de su fallecimiento. Sus servicios funerarios fueron el martes y ese mismo día lo sepultaron; yo me enteré hasta la mañana de este miércoles, y por ello más me dolió no haber tenido la oportunidad de ir a despedirlo.
La figura del señor Meléndez para mí siempre fue imponente, de gran respeto. Él era el director del Canal 4 de Televisa Laguna -que posteriormente pasó a ser el Canal 9 de Multimedios-, allá por los rumbos de la Ampliación Los Ángeles.
Una tarde cuando estaba concentrado en aporrear la máquina de escribir mecánica en la vieja redacción de La Opinión allá por el bulevar Independencia, cuando era reportero de deportes, recibí una llamada “¿Julián Parra?”, preguntó la voz del otro lado del auricular, y al responder afirmativamente me dijo, “habla su amigo, Juan Antonio Meléndez Hernández”.
Por un momento no supe qué decir, me quedé atónito, sorprendido, me estaba llamando alguien a quien yo veía como un gigante y me decía amigo. Tartamudeé un poco para decirle, a sus órdenes señor Meléndez. Me invitó a ir a platicar con él a su oficina, “¿cuándo puede venir?”, me dijo. Cuando usted me diga, señor Meléndez, le respondí. Nos vimos a la mañana siguiente.
Después de recibirme con un saludo muy cálido y afectuoso, me dijo que era asiduo lector de mis columnas –de deportes en aquél tiempo-, “me gusta mucho cómo escribe; estoy planeando un programa deportivo aquí en el canal, y quiero tenerlo aquí conmigo”, me comentó.
Me motivó y me impulsó para que realizara el trámite para la obtención de mi licencia de locutor, indispensable para que cualquiera que quisiera que su voz saliera al aire en radio o televisión, así fueran actores, actrices, cantantes, voces comerciales, locutores, comentaristas, entrevistadores. Todos quienes su voz saldría al aire, deberían contar con ese documento, so pena que el sindicato te sacara del aire, y la multa correspondiente al medio que lo permitiera.
Al fin, se llegó la fecha del estreno del programa cuyo conductor central era Alejandro Tovar Medina, y le acompañábamos Fernando Ibarra, Rafael Rosell, Abdón Garza y un servidor. Se llamaba ‘De dos a tres’, y se transmitía los sábados por la imagen de Canal 4 Televisa Laguna.
Después que Multimedios Adquirió el Canal 4 para transformarlo entonces en el 9, el señor Meléndez emigró a Durango donde estaba al frente de un canal que le había encomendado dirigir don Mario Vázquez Raña, propietario de la entonces conocida como la ‘Cadena García Valseca’, más reciente como la OEM o la Cadena de los Soles. De cuando en cuando, cada que venía, nos encontrábamos, nos saludábamos y me platicaba de todo lo que estaba haciendo en la ciudad de los alacranes.
Un buen día, me llamó y me dijo: “Véngase, vamos a platicar, traemos un proyecto interesante y quiero que me acompañe”. Fue el nacimiento de lo que en sus inicios se conoció como el ‘Canal 40 de Televisa Laguna’, cimiente de lo que es actualmente el canal que ya sin el 40 –porque entonces se sintonizaba ahí, en el 40- conocemos como Televisa Laguna.
Empezamos con las uñas, hacíamos un noticiero grabado que nos producían en su pequeño espacio de producción, Graciela Sánchez y Jaime Martínez allá por los rumbos de la Jurisdicción Sanitaria, entre la Moderna y la Ampliación Los Ángeles. Era un espacio en el que apenas cabíamos los conductores del noticiero, Karla Buenrostro –a quien el señor Meléndez se trajo de Durango-, y un servidor.
Por azares del destino, con el tiempo yo me fui a trabajar al Bajío, a Irapuato primero y a León después, y le perdí el contacto. Años después de mi regreso, ya con las ‘benditas redes sociales’, volvimos a tener contacto a través de ellas, pero de manera virtual, acaso nos volvimos a ver en una ocasión.
Hace ya unos meses que no nos habíamos conectado, y la mañana de este miércoles me desayuné con la terrible noticia de su partida.
Ex compañeros del Canal 4 me informaron cuando pregunté que dónde y cuándo serían sus servicios funerarios, y todavía más me dolió cuando me dijeron que el martes habían sido los servicios y el mismo día fue sepultado. Me dolió mucho su partida y no haber podido tener la oportunidad de acompañarlo en su despedida.
El señor Juan Antonio Meléndez fue y para mí siempre será una gran persona a la que admiro, respeto, estimo y quiero; siempre fue de esos jefes de los que ya no hay, de un trato respetuoso y cálido hacia sus subalternos a los que nunca hacía sentir como empleados, a todos nos daba un trato de iguales.
Mi querido Señor Meléndez, me ha entristecido mucho su partida, y donde quiera que usted esté le mando un fuerte abrazo con la misma admiración, respeto y cariño que siempre le he tenido. Vaya en paz, sabiendo que aquí dejo amigos por decenas, por cientos, porque es lo que usted sembró. Aquí quedamos muchos que siempre le recordaremos con cariño y admiración.
Vaya en paz, Señor Meléndez, y hago votos porque su camino del reencuentro con el Padre Bueno, esté lleno de luz, de paz, de amor.
X= @JulianParraIba








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